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Volumen 13, núm 1. Mayo 2020

Aprendiendo a evaluar para aprender en la Educación Superior

Coordinación: María Soledad Ibarra Sáiz y Gregorio Rodríguez Gómez (Cátedra Unesco - Evaluación, Innovación y Excelencia En Educación. Grupo de Investigación Evalfor-Evaluación en Contextos Formativos)

Hasta finales del siglo pasado la evaluación en la educación superior estuvo centrada en lo que los estudiantes conocían y éstos eran evaluados, sobre todo, por su comprensión de conocimientos, hechos y avances de las materias que componían el currículo. Posteriormente, el énfasis de la evaluación se centró en competencias y habilidades esenciales, transversales e independientes a las distintas disciplinas. Desde hace un tiempo, el foco de atención de la evaluación gira hacia el aprendizaje estratégico de los estudiantes y el aprendizaje a lo largo de la vida. En este sentido, la evaluación en la educación superior ha pasado desde la evaluación del aprendizaje, a la evaluación para el aprendizaje (Sambell, McDowell y Montgomery, 2013), la evaluación orientada al aprendizaje (Carless, 2015), la evaluación sostenible (Boud y Soler, 2015) y a la evaluación como aprendizaje y empoderamiento (Rodríguez-Gómez e Ibarra-Sáiz, 2015).

En este contexto, la evaluación se sustenta en tres focos de interés: la participación de los estudiantes, la retroalimentación efectiva o proalimentación y las tareas de calidad. La participación supone favorecer el diálogo y la colaboración de los estudiantes en el proceso de evaluación de su aprendizaje de forma transparente. Esta participación, se puede establecer en los tres momentos del proceso de evaluación: la planificación, el desarrollo y los resultados, fomentado la autoevaluación (Self-Assessment), evaluación entre iguales (Peer-Assessment) y la evaluación compartida o coevaluación (Co-Assessment). La investigación sobre retroalimentación evidencia que ésta se asocia con el aprendizaje y el rendimiento ya que, como manifiesta Hounsell (2007), la retroalimentación puede mejorar el aprendizaje en tres formas diferentes: acelerando el aprendizaje, optimizando la calidad de lo que se aprende y elevando el nivel de logro tanto a nivel individual como grupal. Las tareas de calidad suponen enfrentar a los estudiantes a tareas de alto nivel intelectual, retadoras, realistas de forma que se promocione el papel activo del estudiantado en la construcción de su aprendizaje. En definitiva, lo que se pretende es tanto la autorregulación del aprendizaje a través de la evaluación como fomentar el juicio evaluativo de los estudiantes, aspecto que implica que éstos tengan una alta capacidad evaluativa. 

La adopción en la educación superior de enfoques que se basan en la evaluación como aprendizaje requiere de una alfabetización y formación específica en evaluación tanto para el profesorado como para el estudiantado que dé lugar a cambios en la práctica evaluativa universitaria y por supuesto en la regulación de la evaluación en la educación superior. 

Asimismo, en el contexto tecnológico que caracteriza la época actual la utilización de tecnologías para evaluar constituye un desafío. Mientras se ha enfatizado el uso de la tecnología para conseguir una evaluación eficiente y consistente, se ha prestado poca atención al uso de la tecnología para repensar las relaciones entre aprendizaje y evaluación y el papel que puede desempeñar la tecnología para apoyar estos cambios. El reto radica en incorporar la potencialidad de las tecnologías que mejoran la evaluación (Technology Enhanced Assessment) para proporcionar a los estudiantes nuevas oportunidades para tomar decisiones, la incorporación de modalidades evaluativas participativas con el objetivo de desarrollar su juicio evaluativo y potenciar así la autorregulación y el aprendizaje a lo largo de la vida. Por lo tanto, es necesario desarrollar nuevas herramientas que reflejen los principios pedagógicos innovadores, tecnologías que apoyen métodos de evaluación más democráticos, equitativos y justos. 

En definitiva, una evaluación de calidad exige que sea percibida por parte del estudiante como una evaluación rigurosa, una evaluación creíble, útil e interesante. Esta calidad está relacionada, entre otros, con los aspectos considerados con anterioridad. 

Con el fin de intercambiar investigaciones, evidencias y experiencias que apoyen la evaluación como aprendizaje estratégico en la educación superior proponemos la sección temática Aprendiendo a evaluar para aprender en la Educación Superior. Son de interés los trabajos centrados en los siguientes tópicos:

  • Formación en evaluación; 
  • Participación, retroalimentación y autorregulación del aprendizaje; 
  • Tareas de evaluación; y 
  • Tecnologías para evaluar.

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Características de los textos

Se seguirán las normas establecidas en la revista.

Calendario

Fecha límite para la entrega de los originales: 20 de noviembre de 2019.

Publicación: 1 de mayo de 2020.

Procedimiento

Los textos serán enviados al director de la revista, F. Javier Murillo, javier.murillo@uam.es 

Es imprescindible indicar que dichos textos van dirigidos a la sección temática: "Aprendiendo a evaluar para aprender en la educación superior". También se adjuntará a ese texto la "Carta de originalidad, conflicto de intereses y cesión de derechos de autor", que puede descargase en el siguiente enlace http://rinace.net/riee/Carta_RIEE.pdf