2005: Número 0
Artículos

El estatuto del embrión: usos y abusos

Publicado febrero 25, 2016
Cómo citar
López Ruiz, J. (2016). El estatuto del embrión: usos y abusos. Bajo Palabra. Recuperado a partir de https://revistas.uam.es/bajopalabra/article/view/3671

Resumen

Si nos preguntamos sobre cómo afrontar un asunto relacionado con la bioética no cabe otra cosa sino responder que desde el enfoque multidisciplinar. En el origen de esta nueva disciplina allá por el año 1971 ya se planteó este mismo problema y desde entonces no parece haber nadie en completo desacuerdo. La multidisciplinariedad es uno de los aspectos centrales en la bioética debido a que aquello por lo que se pregunta requiere un debate no solo científico, ni tampoco solo filosófico o jurídico sino que requiere del diálogo entre estas disciplinas.

El primer autor en acuñar y usar en una publicación el término “bioética”  fue Van Rensselaer Potter en su libro “Bioethics: Bridge to the Future”. Pero Potter no fue solo quien dio nombre a esta disciplina sino que también le dio la orientación que actualmente recogemos, a saber, una nueva disciplina que combina los conocimientos biológicos y filosóficos. Esta comunicación entre dos orillas – ciencias y humanidades - es el puente que según Potter nos puede hacer cruzar el río actual de avances científicos y tecnológicos junto con sus posibilidades prácticas aplicables en el hombre, salvándonos de caer en “ciencias deshumanizadas” o “éticas biologizadas”: «Hay dos culturas –ciencias y humanidades– que parecen incapaces de hablarse la una a la otra […] se necesita un puente hacia el futuro» (1971). Para Potter, este puente hacia el futuro representa la vía por la cual la humanidad debe guiar el conocimiento hacia la supervivencia y una mejor calidad de vida en el hombre.

Pero el origen de la bioética no es el único que da significado a esta disciplina, podemos concretar un poco más y definir la bioética como «diálogo interdisciplinar entre vida (bios) y valores morales (ethos); es decir, trata de hacer juicios de valor sobre los hechos biológicos, en el sentido más amplio del término, y obrar en consecuencia» (2002). Con esta definición se pretende señalar cómo en el mundo actual, lleno de posibilidades de actuar sobre el ser humano y sobre la humanidad misma, no se puede separar la ética de los hechos biológicos.

No podemos llevar estas afirmaciones hasta el punto de decir que la bioética será la ética del siglo XXI puesto que hay cuestiones éticas fundamentales que no requieren  ayuda de la biología, del mismo modo que hay cuestiones biológicas que no requieren ayuda de la ética, pero sí es importante señalar hacia dónde tienden los nuevos problemas morales: a cubrir de un modo justificado racionalmente los vacíos morales que las posibilidades técnicas y científicas sobre el ser humano están dejando, esto es, a cubrir la demanda de soluciones a dilemas y conflictos éticos hasta ahora inimaginables, como puede ser por ejemplo la respuesta a ¿quién tiene preferencia – en igualdad de indicaciones médicas – a recibir un órgano para su transplante?, ¿es patentable el genoma humano? o ¿qué estatus tiene un embrión? Las respuestas posibles a esta última pregunta son las que aquí nos ocupan.

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