2005: Número 0
Artículos

Meditación y Chakras en el Banquete de Platón

Publicado febrero 25, 2016

Resumen

Durante mucho tiempo la investigación del mundo interno del alma ha sido un terreno reservado al ocultismo. Algunas religiones –en especial las orientales– emprendieron una tarea parecida, aunque limitadas, por una revelación original que impide el libre empleo del método científico. En tiempos relativamente recientes, algunas escuelas de psicología han orientado su atención hacia esta misma área, desarrollando sus técnicas peculiares en talleres de crecimiento y desarrollo, sesiones de terapia y experiencia personal, y que curiosamente se parecen mucho a los métodos arcaicos que solemos denominar ocultos o mágicos.

La práctica de ejercicios espirituales se remonta a tradiciones de tiempos inmemoriales, y es sin duda la figura de Sócrates en los diálogos de Platón la que la hace emerger en el pensamiento occidental en forma de diálogo. Influidos por las obras filosóficas modernas basadas en la exégesis de textos, tendemos a pensar que la filosofía de Platón –como la de otros filósofos antiguos– tenía como objetivo transmitir determinados contenidos conceptuales. Sin embargo, en la mayoría de los casos estas filosofías no son otra cosa que ejercicios espirituales o de meditación, destinados a formar almas (psicagogía), que el autor practica sobre sí mismo y hace practicar a su interlocutor. Tienen un valor psico-educativo. De ahí que toda afirmación deba ser comprendida desde la perspectiva del efecto que produce en el pensamiento y el alma de un individuo y no como una proposición perteneciente  a un sistema.Este hecho es fácilmente observable en los diálogos de Platón. En ellos la filosofía aparece descrita explícitamente como un ejercicio que produce una modificación en el ser de aquel que lo lleva a cabo. El acto filosófico no se sitúa aquí solamente en el orden del conocimiento sino también en el orden del yo y del Ser: se trata de un proceso que nos hace ser mejores. Hace pasar de un estado de vida inauténtico, oscurecido por la ignorancia y las preocupaciones materiales, a un estado de vida auténtico en el que el hombre alcanza el conocimiento de sí mismo y la visión exacta del mundo, junto con la obtención de un buen sentido común (eudaimonia) y realización interior. Para Platón la principal causa de sufrimiento, de desorden y de ignorancia para el hombre son las pasiones en cuanto deseos desordenados y creencias exageradas que impiden vivir la vida de forma auténtica. La filosofía aparece, pues, como una terapia de las pasiones (therapeia). Terapia que se concibe como una transformación profunda de la manera de ver y de ser del individuo. Este cambio de visión es difícil y es precisamente aquí donde intervienen los ejercicios espirituales (1993), con el fin de obtener poco a poco la indispensable transformación interior. Lo cual libra a los diálogos de Platón de ser una exposición teórica y dogmática, y los convierte en un ejercicio concreto y práctico que conduce al interlocutor a una cierta actitud psíquica que hace posible el darse cuenta espiritual (gnosis o sabiduría).Esto es precisamente lo que Platón nos propone como ejercicio práctico (epitedeumaton) en el Banquete. Diálogo que puede ser interpretado como un camino de autodescubrimiento y autocuración, muy semejante al que se realiza en la terapia con los chakras. Si Platón conoció o no estas teorías en alguno de los viajes que realizó tras la muerte de Sócrates, y si las actividades que se realizaban en el interior de la Academia estaban relacionadas directamente con la práctica de la de meditación, es algo que desconocemos. Pero lo que no podemos negar es que el hecho de enfocar e interpretar los discursos que componen el Banquete desde esta perspectiva permite abordar desde un nuevo punto de vista los problemas clásicos que desde antiguo viene suscitando la filosofía de Platón. Así, la relectura que planteo aquí desde el trabajo con los chakras permite: 1.Centralizar la explicación de los distintos discursos que aparecen recogidos en el Banquete,  por el hecho de poderlos referir  a un elemento común y esencial en toda manifestación psíquica del ser humano: la energía vital psico-física.2. Manejar los discursos de un modo más directo, concreto y definido. Sin necesidad de recurrir a interpretaciones y especulaciones sin una base concreta y objetiva, y por ello más cercanas a la interpretación literaria que a la investigación filosófica o científica.